martes, 27 de septiembre de 2011

Sí, soy maestra



Y no es solo que dedique 25, 29 ó 35 horas semanales, ni el doble de mis amigos europeos, es que normalmente dedico mucho más... Porque quiero, porque me encanta mi trabajo y porque veo como (en muchas ocasiones a pesar de sus padres) los niños aprenden con ello, me respetan y crecen como personas en el colegio. Y sí, también veo como a diario la mayoría de las personas de la sociedad (desde albañiles, muy digno el oficio, por cierto, hasta abogados) "ningunea" lo que hago, lo que hacemos los maestros. Y sí, también veo que cuando alguno de nosotros habla de lo que trabaja en el aula con sus alumnos, provoca una sonrisa burlona en los demás, en los mismos que cuando nos miran solo ven un sueldo fijo y un trabajillo de mañanas, obtenido después de una carrera de broma y una oposición de juguete (qué atrevida es la ignorancia).

Y digo yo.. ¿por qué no habrán sido todos maestros? Pues bien, queridos amigos, mientras que haya niños que enseñar, yo seguiré siendo y sintiéndome maestro, seguiré haciendo oídos sordos a la crítica populista y al chiste barato, a la ironía de unos pobres ignorantes y seguiré trabajando 'por y para' mis alumnos. Y no, no trabajaré las horas que me exige el Gobierno, probablemente y como hasta ahora trabajaré muchas más, trabajaré las que sea necesario para seguir provocando en mis 'pequeños diablillos' una sonrisa de complicidad, un aprendizaje, una mueca de sorpresa, un silencio de respeto, unas lágrimas de arrepentimiento o la siempre mentirosa frase de 'ya no lo volveré a hacer más' después de un mal comportamiento. 

Mis compañeros y yo seguiremos enseñando y formando a los hombres y mujeres del mañana, porque creemos en lo que hacemos, porque nos gusta, porque es nuestra vocación (¿a alguien le dice algo esa palabra?) y porque a nosotros no se nos olvida una cosa... No se nos olvida que un día, hace ya tiempo, cuando una goma 'Milán' era nuestro mejor tesoro, todo lo que sabíamos, lo sabíamos gracias a un maestro. Hagamos un homenaje a la sensatez que se nos presupone por la condición que poseemos de seres humanos: la educación es la base del desarrollo de todo el país y le pese a quién le pese, los encargados de impartirla somos los maestros, unos don nadie. Pues sí, yo soy maestra, una don nadie, "ninguneada", juzgada a diario, y me siento orgullosa de ello.